Domingo , 23 Julio 2017
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La amenaza fantasma: Fukushima

nuclear-fukushimaLa central nuclear de Fukushima I, diseñada por la compañía estadounidense General Electric (1967) y administrada por TEPCO (Tokyo Electric Power Company), empezó a funcionar en 1971. Cuenta con seis reactores nucleares, motores diesel para sus sistemas de refrigeración en caso de emergencia y un muro de seis metros para contener olas producto de algún tsunami. Se encuentra asentada en la región de Tohoku , isla Honshu (Japón) y representa uno de los más grandes complejos nucleares más importantes del mundo.

El 11 de marzo de 2011 un terremoto de magnitud 9,0 sacude todo Japón. El epicentro se ubicó en el mar, frente a las costas de la isla Honshu. Fue tanta su violencia que alteró el eje terrestre en diez centímetros y acortó la duración de los días en 1,8 microsegundos. No solo eso, creó un tsunami o maremoto, con olas entre 15 y 40 metros de altura.

En el momento que ocurre el terremoto, en la central nuclear de Fukushima operaban solo los reactores 1, 2 y 3. Los otros tres estaban en mantenimiento. Minutos después, olas de 15 metros de altura inundaron la central. ¡Los sistemas de refrigeración fallaron!

fukushimEl 12 de marzo, la temperatura aumenta dentro de los reactores 1,2 y 3 a tal punto que sus núcleos se fusionan parcialmente. Múltiples explosiones se dan al interior de la central. En su intento por disminuir la temperatura de los núcleos y detener la fuga radioactiva, el personal de la central vierte millones de toneladas de agua marina a los contenedores de estos. Al no contar con depósitos para reservar y “tratar” tanta agua, se regresó al mar toda esa agua contaminada.

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A pesar que las autoridades niponas aislaron las zonas aledañas y ejecutaron las medidas internacionales contra este tipo de accidentes, fue insuficiente: hubo fuga de radiación que se dispersó en el aire y agua (yodo-131, cesio-134 y cesio-137, entre otros elementos radioactivos).

Sustancias radioactivas se detectaron en el agua potable de Tokio a los pocos días. Los lechos marinos que bañan las costas japonesas indicaron un elevado nivel de radiación. Sin embargo, autoridades sanitarias descartaron peligro alguno para las personas. Meses después, en países como España, Rusia, Estados Unidos, Inglaterra y Alemania identificaron la presencia de yodo-131 en el aire y en peces como el atún; aunque claro, los expertos sostuvieron que era en mínimas cantidades, inofensivas para el ser humano.

descarga (1)La flora y la fauna han sido afectados, a pesar que los investigadores tranquilicen a la gente, al recalcar que poco a poco todo estará “bien” o “normal”. Animales oriundos de la zona y cultivos agrícolas mutaron genéticamente, siendo el caso más notorio e impactante el de la mariposa Pseudozizeeria maha, que experimenta cambios físicos evidentes y decrecimiento en su tasa de natalidad.images (1)

A mediados de febrero de este año, TEPCO anunció que un robot tomaría fotos, mediría la temperatura y la radiación en el contenedor del reactor dos. Gracias a una potente bomba de agua de la cual estaba provisto, disminuiría la temperatura en esa zona. Sin embargo, la radiación es tan elevada que se abortó la misión. Días después, un segundo robot fue enviado. ¡Tuvo la misma suerte que el primero! Pese a ello, se obtuvieron fotos reveladoras. Autoridades japonesas descubrieron un orificio de dos metros de diámetro en el contenedor del reactor dos. La fuga de material radiactivo por ese orificio aún no se determina con precisión, pero se estima llegue a toneladas diarias, siendo el océano Pacífico el más afectado de todos los ecosistemas.

La asociación ecologista Greenpeace denunció el 2016 que la catástrofe ecológica pudo evitarse. TEPCO y el OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) fueron negligentes:

  • Se advirtió que la zona donde se encontraba la central, en caso de tsunami, podría tener olas de hasta 38 metros de altura. Solo se construyó un muro de 6 metros.
  • En el 2001, Greenpeace denunció que muchas centrales nucleares seguían utilizando un combustible altamente radiactivo e inestable (el MOX, mezcla de uranio y plutonio), entre ellas, Fukushima en su reactor 3. Nadie le hizo caso.
  • Para Greenpeace, el OIEA favorece los intereses de las grandes potencias nucleares. No desarrolla técnicas efectivas contra radiación máxima ni supervisa minuciosamente las centrales nucleares en el mundo. Adopta medidas “blandas” con las empresas y naciones involucradas en la construcción de los centros nucleares.

¿Por qué los medios de comunicación locales no difunden estas noticias? ¿Por qué los gobiernos del mundo no toman cartas en el asunto? ¿Estarán diciendo la verdad las autoridades sanitarias y científicas sobre los efectos de la contaminación radioactiva? ¿Se imaginan en veinte años no poder entrar al océano ni comer pescados porque estos estarán contaminados? La declaración más reciente del gobierno japonés es que hasta la actualidad no cuenta con la capacidad ni tecnología para crear un robot capaz de resistir tanta exposición radioactiva como la experimentada en Fukushima.

¿Qué hace la comunidad internacional ante una catástrofe tan grave? ¡Nada! ¡Es un problema del Japón! TEPCO ha sido muy claro: no puede cerrar la planta nuclear de Fukushima; es decir, no pueden apagar los reactores 1, 2 y 3. Se han creado cercos de seguridad, pero no son suficientes. La temperatura en los núcleos es inmensa. La central sigue emitiendo radiación. ¡Ningún país hace nada!

Es claro quién gobierna el mundo. No son los países. Son las grandes transnacionales. ¡Simple! Más allá del caos y alarma mundial que generarían este tipo de noticias, se teme la reacción popular, porque generaría cambios no convenientes a los intereses de estas empresas. La acumulación de poder y el dominio geopolítico se unieron hace tiempo para convertir a las personas en esclavos mentales, haciéndoles creer que son libres.

Mientras la contaminación radioactiva sigue creciendo, la endeble ONU y nuestros países satélites siguen sus ritmos de vida. Nada ha pasado, dicen. Todo está controlado, dicen. No solo es la radiación, sino también los pesticidas, químicos y vitaminas que se colocan en los dizques alimentos naturales. Todo es una cadena que nadie quiere romper. Cuando sea demasiado tarde, ahí vendrá el mea culpa y la verdadera muerte quizás.

Acerca de Pedro Manuel Vargas Aspillaga

Perú. Literato. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Especialista en redacción y corrección de textos. Gusta del arte y le apasiona la escritura.

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