Sábado , 27 Mayo 2017
corrupcción

El monopolio de la moralidad

El 2001 significó el final del proyecto “antipolítico” de Alberto Fujimori. También el inicio de una crítica constante y cáustica a todo lo identificable como soporte de aquel régimen llamado “Fujimorato”. En ese sentido, una suerte de linchamiento moral amenazó la Constitución de 1993, al entenderla como un instrumento de la corrupción hasta ese entonces imperante.

La difusión del vídeo “Kouri-Montesinos” detonó una ofensiva conjunta contra un enemigo común. Ello permitió coaligar los esfuerzos de los partidos tradicionales con los de esa masa sin rumbo identificada con la Izquierda. Algunos de estos últimos intentarían competir políticamente bajo las banderas de Unión por el Perú y Perú Posible. Otros migrarían a sectores de Centro e incluso de Derecha.

En la década siguiente al ocaso de Alberto Fujimori, fue imposible desmontar casi todas las estructuras del Fujimorato. El gobierno de transición democrática, a cargo de Valentín Paniagua; y luego, el Acuerdo Nacional consolidarían la necesidad de proseguir en la ruta de una economía neoliberal. Obviamente, dicho consenso económico y administrativo entre las fuerzas políticas seria considerado una traición para el ciudadano.

Un sentimiento antisistema se gestaría en aquellos que asociaron democracia con corrupción y continuismo. Sectores de Izquierda se sumaron a este proyecto antisistema, en una suerte de cruzada por la moralidad ausente en la política.

Hoy, el escándalo de la constructora Odebrecht cuestiona la supremacía moral de la Izquierda. Se sospecha del financiamiento electoral de la campaña presidencial de Ollanta Humala. Ahí, amplios sectores de izquierda participaron, incluyendo unas anotaciones, no negadas, de la excandidata Verónica Mendoza.

A ello se suma la casi certeza de dádivas recibidas por el expresidente Alejandro Toledo, impulsor de aquella cruzada “democratizante” conocida como “La Marcha de los 4 Suyos”.

El segundo período aprista ya presenta sus primeros detenidos. El alcalde Castañeda sigue tentando la buena suerte. Mientras que oscuras sombras se ciernen sobre la gestión Villarán y el ya deslucido gobierno de PPK.

Y uno se pregunta: ¿Para cuándo la marcha de aquellos sectores que tienen el monopolio de la moralidad en política? La respuesta viene entre susurros: “Quien esté libre de pecados que arroje la primera piedra”.

 

Acerca de Frank Rojas Alarcón

Perú. Bachiller en Derecho y estudiante de Sociología en la UNMSM. Analista político aficionado. Segurólogo. Otaku confeso.

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