Viernes , 28 Julio 2017
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Carta a una joven escritora

Decidí redactar esta carta, hoy, después de nuestra habitual conversación vespertina de cada sábado. Porque más allá de una simple intención de escribir, quise dejarte estas palabras con el deseo de hacerme un espacio dentro de tu solidaridad creadora. Es que a veces sí resulta creíble ver cómo las palabras se agolpan de un momento a otro; y fluyen sobre esa blanca superficie en que se las deja de pronto tan liberadas y llenas de sensibilidad, para cobrar vida. Una vida estacionaria sobre una hoja simple de papel.

Sigue escribiendo. Nunca desistas a tus propios escritos, a tus convicciones de joven mujer. Temple es lo que hoy en día más se necesita -y hasta llego a pensar que de manera desmedida-. Sí, así es, un temple único capaz de remecer los cimientos de nuestra propia conciencia individual y de llevarnos a la firmeza de carácter -y no digo de autoridad ególatra, sino de carácter, de carácter ético- porque es cierto: estos elementos ligados al compromiso nos hacen mejores seres humanos. Más allá del género y las absurdas ideas que intenten disgregarnos todos los días directa e indirectamente: somos iguales al fin y al cabo. Nunca lo olvides.

¿Sabes? Corregimos lo que hay que corregir y afianzamos lo que estamos construyendo al interior nuestro, a nuestro alrededor: por eso debes escribir, escribir siempre que puedas. Tal vez nunca llegaremos a tomar el poder porque eso es oficio de los ejércitos, empero es deber sagrado nuestro combatirlos con la verdad. Sí, a esos grupos que el francés Albert Camus llamaba ejércitos de la tiranía. Luchar desde nuestra reflexión diaria, nuestro análisis, y a partir de nuestra propia interpretación sobre los hechos y acontecimientos que se suscitan a cada hora, a cada minuto, a cada instante.

No abandones nunca tus escritos, no los dejes en las memorias del olvido. Una joven escritora como tú, jamás debe desdecirse de lo que escribe o piensa para sí misma, al margen del parecer ajeno, porque recuerda qué fácil resulta seguir la corriente. La contracorriente, no caprichosa: sí, responsable, es lo más admirable y difícil de mantener. Qué mejor si detrás de esta subsiste una fe y certeza interior de que hicimos lo correcto.

Siempre escuché decir que los temas de una escritora se reducen a la sensualidad y al placer estético. Es una visión que considero muy superficial, porque la mujer es un cúmulo de sensaciones, pero también de experiencias, de esas mismas que los hombres no entendemos, o simplemente no queremos entender a veces.

Por otra parte, tampoco puedo dejar de manifestarte que el escribir es una forma de aliviar nuestro propio desasosiego y de encontrarnos con nosotros mismos, aunque solo parcialmente. Pues la otra, la vital, es la escritura del compromiso diario con quienes viven con -y-junto-a nosotros.

Finalmente, quiero mencionarte ejemplos de quienes, aún jóvenes, también definieron su vida a partir de la escritura:

– la polaca Wislawa Szymborska. Creyente en la poesía transformadora y del impacto que tendría en las sociedades colectivas, sobre sus esperanzas y apaciguamientos. No dudó en usarla y perfeccionarla;

– del mismo modo, Gabriela Mistral. Preocupada para que las palabras tuvieran el sentido justo a lo que significaba ser mujer desde su acepción más sagrada: la maternidad y el amor. Cruzó camino sin descanso;

– la joven francesa Simone de Beauvoir. Conoció el poder inventivo de las palabras. Entendió que tanto el espíritu de libertad consciente, de pensamiento libre, como el de rebeldía innata significaban puntos de inflexión a todo intento de menosprecio a su propio género. Por ello debía escribir. Se convirtió así en escritora;

–  la introvertida maestra noruega Selma Lagerloef. Llevada por un espíritu investigador, descriptivo y generoso, usó las palabras para mostrar al mundo, a través del viaje maravilloso de su personaje infantil Nils Holgersson, la geografía de todo un pueblo nórdico, mostrándolo como rico ante los ojos del mundo.

Y así, podría seguir citándote mujeres y cualidades, con sus escrituras y compromisos, sus formas de pensar: la rumano-alemana Herta Müller, y su escritura en favor de los desposeídos, la anglosajona Doris Lessing y su solidaridad con las voces femeninas no escuchadas y censuradas de su tiempo. En fin, muchos ejemplos más, que solo tú terminarás descubriendo, comprendiendo y articulándolos a tus propias experiencias de mujer creadora.

Fraternalmente.

Víctor Abraham

Acerca de Víctor Abraham

Profesor, escritor, periodista y activista político. Su página personal en la red: La generación desconocida.

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