Domingo , 23 Julio 2017
Lima, la horrible

Adiós Lima ¡Nunca volverás!

Desde el inicio del siglo XXI, la capital que nos soporta dejó de ser esa Lima virreinal que perduró hasta bien entrada la centuria pasada. La convivencia entre tecnologías, el sistema económico, la inmigración y el predominio de los cánones mentales coloniales han creado una ciudad híbrida y cosmopolita.

Hoy, los testimonios de ancianos historiadores y literatos sobre una Lima con apenas más de cinco mil almas parecen sacados de un cuento de hadas: personas que sabían los límites entre espacios público y privado, pudorosas mujeres, galantes varones, bohemias literarias, acequias, casonas, huertas, calles silenciosas de nombres curiosos, balcones adornados, tranvías, grandes parques y cuidados jardines, entre otras descripciones.

 

Causas y consecuencias

Algunas consecuencias del individualismo y poca conciencia nacional de autoridades se evidencian en la suciedad, desorden y corrupción imperantes en nuestra sociedad. A eso se agrega que no hay planificación urbana: la población sigue creciendo informalmente.

Invasiones urbanas¿Qué repercusiones tienen en una metrópoli el que su población crezca sin ningún control de natalidad, confinada en edificios que parecen prisiones, con rutas terrestres mal diseñadas? ¡Caos! ¿Construcciones en zonas de desastres naturales, áreas verdes invadidas o destruidas, terrenos no adecuados para habitar? ¡No nos interesa! ¿Verdad?

 

La metrópoli que somos

“Qué ingenieros, arquitectos o Defensa Civil ni ocho cuartos. Si construyo mi casa o levanto pisos, llamo al maestro albañil de mi barrio”.

“Para divertirme, saco a la calle mis sillas y el equipo de sonido, pongo una carpa y hago el tonazo hasta el día siguiente. ¿Los vecinos? ¡Que aguanten!”.

“Si tengo auto, lo estaciono en mi vereda o en el parque, total, yo pago impuestos y si no los pago me da igual también. Al diablo las cocheras”.

“Hay que hacer colegios, hospitales, comisarias, carreteras, anillos viales, trenes. La gente quiere obras, no importa el material con que se fabriquen o si se equiparán. Ellos olvidan. Importa la popularidad”.

“¡Bótalo a la calle o al parque! ¡Lo recogerá el basurero! ¡Ni hablar de guardar tu basura en el bolsillo! ¡Bota no más!”.

Inundaciones“¡Los espacios verdes son inútiles! ¡Hay que ocuparlos! ¿Huacas, cauces de ríos, volcanes, zonas de derrumbes o deshielos? ¡No pasa nada! ¡No interesa si falta agua y luz! ¡Necesitamos viviendas! ¡No importa dónde! ¡Dios es peruano y nos protegerá! ¿Apus o armonía con la naturaleza? ¡Tonterías!”.

“¡Roba, pero hace obras, aunque estas sean inútiles o mal hechas!”.

“¡Las autoridades lo tienen que solucionar todo!” “Atropellaron a mi tío” “Violaron a mi sobrina” “Presidente, atiéndame, ayúdeme”.

Estas frases y pensamientos que vivimos a diario son el reflejo de nuestra sociedad. Los valores personales imperan. Corrupción, violencia urbana, informalidad, viveza, robos, asesinatos, desinterés por el otro, discriminación socioeconómica, etc.

 

¿Qué hacer?

¿Nos mudamos de ciudad? ¿Cómo revertir tanto problema? ¿Apocalipsis? Este caos existe porque unos pocos quieren tenerlo todo. Buscamos beneficiarnos con costo mínimo. Elegimos mal autoridades porque no nos importa nuestro país.

Vivimos el presente, pero no pensamos cómo queremos vivir más adelante. Seguimos, como pueblo, teniendo el modelo de caudillo, con sistemas mediocres, sin respetar nuestro ambiente, admirando lo exterior y descuidando lo interior; en otras palabras, mandamos al carajo todo lo importante y necesario para vivir.

La solución está en la base de la sociedad: la familia. Se necesita una revolución que reforme, no que sea placentera y sumisa con el sistema social que priva y condiciona.

En otras palabras, la respuesta está en nosotros. Si sabemos las causas, podemos solucionar los problemas que ocasionan. Ya se saben muchas, entonces, qué esperamos. Como me dijo alguien muy querido:

Es fácil quejarse, echar la culpa a los demás. Permitir que otros hagan nuestras tareas, no hacer nada y esperar que caigan las manzanas por sí mismas. Sin embargo, es en nosotros donde recae toda nuestra felicidad o tragedia, nuestro éxito o fracaso. ¡Empecemos!

 

Acerca de Pedro Manuel Vargas Aspillaga

Perú. Literato. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Especialista en redacción y corrección de textos. Gusta del arte y le apasiona la escritura.

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