Jueves , 30 Marzo 2017
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Lo tentador de la vida privada ante las verdaderas noticias

¿Hasta qué punto los medios de comunicación deben informar sobre las vidas privadas de los personajes de la farándula? ¿Hasta dónde se puede llegar con la libertad de prensa? ¿La libertad de información lo es todo? Obvio que se apela al morbo de las personas por conocer la vida de los “otros”, ¿pero es ético ello? Hace tiempo atrás, encontré un texto que me llamó poderosamente la atención, ya que se refería a esta problemática desde una perspectiva lógica. Quiero compartirlo con ustedes y analizar brevemente algunas premisas de este:

Las personas que hacen una carrera dentro del mundo de la farándula no tienen ningún derecho a quejarse cuando se expone su vida privada, pues ellos mismos han hecho un negocio al exhibir su existencia ante el público, porque lucran con su imagen y al ellos mismos haber creado expectativas en la gente tienen que resignarse a la situación, pero sobre todo, el derecho a la libertad de información, tanto por parte de la audiencia como de los medios de comunicación debe estar por encima de cualquier pataleta de algún famoso.

Lo que se menciona en el texto es válido hasta cierto punto, porque se hace una generalización: no considera a aquellos que están en la farándula solo porque tienen carisma y les gusta lo que hacen “dentro” de sets o tarimas. En todo caso, se debió distinguir entre los que lucran con su imagen, propiciando también escándalos para recibir más dinero, y los “otros” que no lo hacen.

Se sabe que los medios de comunicación despiertan el morbo de las personas por saber e invadir ese círculo íntimo de las personas so pretexto de que son famosas. De esa manera, se construye un escenario donde las personas que no son célebres tienen una catarsis al observar desde sus vidas anónimas cómo sus personajes de la televisión y cine traicionan, lloran, hacen “pataletas”, tienen amoríos o hacen mil y una cosas para llamar la atención de su público cautivo, dispuesto este a venirse encima si hacen algo malo, para luego perdonarlos y volverlos a dar vida, o a celebrarle sus payasadas o aventuras. Hay tanta falta de héroes que cualquiera que sobresale por algo y es llevado a los medios está pronto a ser famoso y entrar a ese círculo vicioso de la fama.

Por otra parte, la libertad de información que se menciona en el texto puede “caer” en desinformación y sobrevaloración de contenidos. ¿Harían falta reglas y juicios para valorar a la información? ¿Quizá de esa manera la libertad de prensa no cometa excesos al momento de informar a los ciudadanos? ¿Quiénes harían estos juicios y normas? ¿Cómo evitar la parcialidad frente a ello? Quién sabe, aunque reza un refrán: “Hecha la ley, hecha la trampa”. Esto origina un debate que, desde los inicios de la popularidad de la televisión, no ha cesado.

Tras estos devaneos algo volátiles, nos queda decidir personalmente qué consumimos y para qué lo hacemos. Somos los que elegimos qué hacer con nuestro tiempo libre, y si nos interesa involucrarnos de alguna manera en la vida de extraños que solo vemos en pantallas, pues ni modo, ya sentiremos algún día las consecuencias de ello. Si bien, es lógico que para los medios de comunicación actuales “lo que vende” es aquello que interesa de alguna manera a las personas; en ese sentido, tanto actores como público nos hemos convertido en cosas perecibles y sustituibles, aunque nos hagan creer lo contrario. Todo se consume, se obtienen ganancias o pérdidas, porque el dinero es vital en esta época. Pensar es un delito. Los medios de comunicación han olvidado sus raíces y el por qué están donde están.

Mientras nos preocupemos solo por divertirnos, ya que la vida real es estresante y problemática (sin reconocer que ello se da porque nosotros lo queremos así), entonces todo seguirá igual: los mismos debates, discursos y consecuencias, gobernantes, dirigentes, fantoches, oportunistas al poder y un largo etcétera. Es que da flojera pensar en nosotros mismos, ¿no?

Acerca de Pedro Manuel Vargas Aspillaga

Perú. Literato. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Especialista en redacción y corrección de textos. Gusta del arte y le apasiona la escritura.

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