Domingo , 28 Mayo 2017
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Neruda de América, América de Neruda


El septiembre del sur del planeta nos trae las primeras briznas de bochorno anunciantes de un caluroso verano. Es de los verdes, amarillos, rojos y violetas de los campos primaverales; en resumen, septiembre es el mes que le devuelve el canto a Pablo Neruda. El poeta sureño nos dejó el 23 de septiembre de 1973, en una clínica de Santiago de Chile. Hace poco, cayó entre mis manos una edición de su autobiografía Confieso que he vivido, y no pude hacer otra cosa que estremecerme ante la inmensidad del vate chileno. Inmensidad poética, humana y corpórea, tal y como sus captores argentinos pudieron comprobar al trasladar sus ciento diez kilos de peso hasta su celda en uno de sus tantos viajes.

Tal cual como nos narra en su autobiografía, que dicho sea de paso, desborda fragante prosa poética, Neruda se crió en regiones de bosques y nieve, lo que contribuyó a la composición de su telúrica obra. Allí descubrió, con su aguda sensibilidad de artista joven, la rocosa y salvaje belleza de nuestra América. Buscando los medios de subsistencia, naturalmente, se vio forzado a dejar su adorado Temuco de la infancia y adolescencia para trasladarse a la capital de su patria. Con increíble suerte y harta maña, fue enviado a cumplir misiones diplomáticas al exterior. Mientras que la mayoría de poetas de su tiempo anhelaban sedientamente París, a Neruda se le abrieron las entonces enigmáticas puertas de Asia a través de Rangún, antigua capital de Birmania. Conoció el Asia místico y humano, aquel al que solo se accede cuando la etiqueta de «turista» se le ha desprendido a uno de la frente, como el mismo poeta escribió.

En Europa ya, participó en la Guerra Civil Española, conflicto que parece disminuido por la posterior y cercana guerra mundial, pero que en la pluma de Neruda cobra crueldad y horridez intensa. Haciendo gala de empatía, una vez vencidos los adversarios de Franco, intentó transportarlos a su natal Chile para darles cobijo, intención que estuvo a punto de ser saboteada por un indeciso gobierno. Más adelante, accedió a un escaño en el Senado, y siendo traicionado por el presidente a quien había ayudado a poner en el poder, tuvo que cruzar los Andes hacia Argentina, dejando atrás a su país querido por la terrible persecución que se ensañó con él. Sin haberlo querido, la represión de González Videla le dio la oportunidad de conocer otros países, como China, y enriquecer su poesía, haciéndolo un contrincante más formidable del que ya era, otorgándole a su voz de protesta una resonancia ecuménica.

Pablo Neruda fue un comunista declarado, y eso le valió muchas veces incomprensión y oposición. Más allá de la opinión que se puede tener de sus ideas políticas, fue un hombre que mantuvo sus convicciones durante décadas. Bien puede uno cambiar sus ideas a través de los años, pero el oportunismo político es algo en que jamás cayó Neruda. En el comunismo vio la senda que podía llevar a la fraternidad a la humanidad: vio una hermandad universal. Como él mismo dijo:

Quiero que la gran mayoría, la única mayoría, todos, puedan hablar, leer, escuchar, florecer. No entendí nunca la lucha sino para que esta termine. No entendí nunca el rigor, sino para que el rigor no exista. He tomado un camino porque creo que ese camino nos lleva a todos a esa amabilidad duradera. Lucho por esa bondad ubicua, extensa, inexhaustible.

Quizá por ello, su corazón generoso se estrujó cuando se enteró de las atrocidades de Stalin, pero eso no le arrebató la fe.

Ha sido un honor entrar en contacto con la intimidad de tan inmenso poeta. Si tiene la oportunidad de leer su autobiografía, hágalo, amable lector, y goce cada letra, coma y punto. Pablo Neruda se nos fue un 23 de septiembre, quizá raptado de la vida por la mano criminal de Pinochet, y nos hizo el enorme favor de llevarse el frío invernal consigo, dejándonos los tiernos copihues brotando en la tierra fértil y húmeda de América, y en las costas de su poesía.

¡Ave senatus!


 

Acerca de Carlos Escurra Carmelo

Perú. Escribidor, pensador casual y aprendiz de periodista. Estudiante de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Maneja el inglés y, actualmente, aprende el francés.

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