Lunes , 25 Septiembre 2017
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Somos seres, no porcentajes frívolos

Mucho se ha dicho de que las mujeres no podíamos hacer esto o aquello; sin embargo, la historia nos demuestra todo lo contrario: nos presenta a mujeres que enfrentaron a su entorno para revalorar nuestros derechos.

Olimpia de Gouges escribió la “Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana” que reivindica la igualdad de derechos entre las mujeres y los hombres; Rosa Parks, una mujer negra, quien vivió en un país donde existían ciudadanos de primera y segunda clase, donde lo determinante era el color de piel,  se negó a ceder el asiento a un hombre blanco; Maria Elena Moyano, encabezó diferentes protestas pacíficas en contra de Sendero Luminoso; por último y no menos importante, Malala, ella lucha por el derecho a la educación de las mujeres en Pakistán.  Cada ejemplo es  muy diferente del otro, pero fueron ellas las “respondonas” de su tiempo y del nuestro.

No obstante, hay algo que no ha cambiado y es que las mujeres en nuestro país no pueden desenvolverse libremente, porque no encontrarán el apoyo que necesitan en el sistema; ya que, es deber del Estado garantizar seguridad a las millones de mujeres que  residimos en este país.

La marcha del 13 de agosto marcó un hito histórico en nuestro país, debido a que se hicieron sentir las voces de imagesmujeres que critican al sistema de justicia. Porque no es dable que si una mujer es violada, agredida o violentada de cualquier forma física o psicológica, se le increpe que es ella la culpable de su situación. Pero, no somos el único país en Latinoamérica donde el sistema de justicia no cumple con su deber: en Brasil se repite la misma práctica. Si una mujer es violada lo primero que hace la policía brasileña es preguntarle “qué hiciste”,  como si el hacer o decir implicara una  relación causal de violación. Este problema supera al Estado y es la expresión de un sistema desigual que se afirma en una estructura cultural llamada patriarcado.

Mi duda es hasta qué punto se debe llegar para que las autoridades actúen de manera consecuente – aunque en realidad es esa su función –  ¿O tendremos que esperar a tener porcentajes frívolos en los cuales digan que se violan tantas mujeres a la semana, al mes, al año? Para empezar a revertir esta situación, debemos combatir la violencia de género desde sus orígenes y causas estructurales. Como ya expuse, no es un trabajo solo de los estados, aunque es de resaltar que desde ahí surge el mayor desinterés para buscar una solución, sino también de la sociedad en conjunto.

Acerca de Cristina Araujo Pisco

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