Sábado , 27 Mayo 2017
Fuente: 3.bp.blogspot.com
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Política y politólogos

La Ciencia Política es una materia que me fascinó desde que la conocí en abril del 2005. Desde entonces, siempre ha sido una lectura necesaria y un reto pendiente graduarme como politólogo.

La Ciencia Política (si cabe llamarla ciencia) es una disciplina de los estudios sociales, encargada de estudiar todos los fenómenos producidos de la lucha por el poder en la historia de la humanidad y nos ayuda a entender las relaciones de poder en nuestra sociedad, desde una perspectiva filosófica y empírica. Entonces, sus profesionales son aquellos que se desenvuelven en los sectores público y privado, con la finalidad de poder entender todos los niveles de lo político en la actividad humana: negocios, administración pública o asociaciones civiles, etc.

 

Desdibujando la teoría

Pero con los años he sido testigo de la perversión en que han caído los estudiosos de esta materia, los llamados a hacer ciencia de esta actividad y difundirla. Porque, al igual que en mi carrera (correctamente llamada Juridicología), el problema no es el conocimiento, sino aquellos que han construido una comunidad alrededor de él.

Lo diré en términos sencillos:

La carrera de Derecho no es mala, los abogados son los que le dan mala fama. Así también comienza ya a ocurrir en la comunidad de politólogos. Ellos se encierran cada vez más en sí mismos, cometiendo el error de los abogados: su ciencia y conocimiento se alejan cada vez más de la gente y sus problemas. Es decir, se han vuelto unos mercaderes de su conocimiento, se están volviendo mercadería ellos mismos.

En el caso de los politólogos peruanos de esta generación, noto que a pesar de una primera etapa de brillantez, actualmente se han estancado, no porque su método y forma hayan decaído (por el contrario, han mejorado su técnica), sino que su estudio se ha reducido, se ha alejado de la problemática de la gente – salvando grandes y notables excepciones – Muchos de ellos se han vuelto “acomodadizos” ahora en sus puestos dentro de ministerios, ONG o asociaciones. Dedicados a su propio provecho, han mediatizado su vida al estudio de cuestiones técnicas que podrían ser resueltas tranquilamente por economistas o sociólogos, cuando en realidad, su materia es tan rica y específica que podrían enrumbar la gran nueva orientación de los estudios sociales en el Perú.

Fuente: blog.pucp.edu.pe
Francisco Miro Quesada Rada, Julio Cotler, Martín Tanaka

 

El problema

Estos han preferido justificar las acciones de sus empleadores y, en el peor de los casos, “engancharse” con ellos para asegurar puestos de trabajo en instituciones diversas. De esta manera, están perdiendo lo que en un inicio los catapultó de brillantes: el estar cerca de la gente, ser parte de ellos, respirar sus problemas, escribir e investigar con realismo, crítica y propuesta multilateral.

Aquí entran a jugar un papel los tecnócratas sin sensibilidad social, los mismos creadores de las listas del FONAVI que solo salen vía Internet, cuando su población directamente interesada no maneja esta tecnología. Estos están generando una suerte de “lobbys” academicistas. A cambio de ser docentes en distintas facultades y escuelas de Ciencia Política, contratan a los estudiantes que los promueven o “facilitan” su contratación en las instituciones arriba mencionadas.

Siendo este el estado actual de las cosas, ¿cómo pueden estudiar la corrupción aquellos que la practican? ¿Podrán hacer una critica que conlleve a su reforma? Dejo esto para su meditación.

Acerca de Rogelio Huamaní Soto

Trabajador independiente, Socialista, Budista, Ex-director de La Comunidad, Grupo de Estudios e investigación. Un peruano más que no se siente representado.

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