Lunes , 25 Septiembre 2017
Fuente: leeporgusto.com
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El médico de Honoré de Balzac y el oscuro “matasanos” de Miguel Gutiérrez Correa

Ricardo González Vigil, en la vieja casona de la UNMSM, el día de las exequias de Miguel Gutiérrez Correa, con sentimientos encontrados de cólera y tristeza, señaló que el escritor piurano constituía una de las cumbres de la novela peruana, junto a José María Arguedas y a Mario Vargas Llosa. No le falta razón.

Entonces, yo, al estilo Marco Aurelio Denegri Santagadea, díjeme para mis adentros: “¿Y el negligente matasanos de Essalud de Chorrillos, que lo mató?”

Minutos antes, Mendis, la amorosa compañera de Miguel, nos había referido que antes que lo nebulizaran, en Essalud de Chorrillos, le había insistido al matasanos que Miguel adolecía males del corazón. El matasanos “haciendo tabula rasa” de la enfermedad de Gutiérrez, ordenó que lo nebulizaran tres veces.

Cualquier estudiante de medicina de los primeros ciclos, sabe que el agonista β2 adrenérgico salbutanol está contraindicado en pacientes con hipersensibilidad al principio activo, hipertensión o cardiopatía. Eso no le importó al negligente matasanos que había cumplido con su nefasto destino: matar y no curar a Miguel.

Mientras la nieta de Miguel me hacía llorar en silencio, al recitarle a su abuelo, un poema que demostraba que lo que se hereda no se hurta, mi recuerdo me llevó volando de cara al pasado, a la Universidad Nacional de Educación, “La Cantuta”, donde el viejo saurio enseñaba Literatura cuando aún era joven y feliz y fumaba tabaco negro.

Una tarde de sol, después del frugal almuerzo de los alumnos, en la muerte lenta, el viejo saurio, humeando como la chimenea de la Oroya, sacó de su morral de cuero negro una docena y media de libros y se aprestó a dar una clase magistral sobre Honoré de Balzac, el autor de “La comedia humana”.

 

El doctor Benassis

Miguel, aún joven saurio, remató la clase magistral leyendo un párrafo de la historia del doctor Benassis, médico filántropo, que llevaba a cabo una gigantesca tarea de mejora de las condiciones de vida de la población en el Delfinato (antigua provincia francesa). El doctor Benassis, a diferencia de la mayoría de matasanos de Essalud, es un personaje grandioso por su bondad y justicia, es un arquetipo humano.

En esa clase, el maestro Miguel señaló que durante su agonía, Honorato De Balzac, llamaba al doctor Benassis. A Miguel, el matasanos de Essalud de Chorrillos no lo dejó llamar al émulo del doctor Benassis. Esa tarde, la muerte se disfrazó de médico de Essalud. A ese matasanos, y a todos los matasanos a palos, les hago saber que el poeta inmortal César Vallejo, seguirá reclamando por los abusos de los médicos y enfermeras que desde la soberbia y la prepotencia abusan, cada día, contra los humildes enfermos. En cambio, diligentes y sumisos se desviven por los pacientes pobres que sólo tienen plata.

El cholo Vallejo pregunta por todos los desvalidos: “…Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?…”

Para que nos gane la soberbia, los pobres mortales, debemos entender el refrán “En la casa del jabonero, el que no cae, resbala” y, de vez en cuando, visitar: el hospital, la cárcel y el cementerio.

Los que no visitan ni de vainas los hospitales, son los ministros de salud. Qué les cuesta, digo yo, darse una vueltecita por los hospitales en visitas inopinadas. En especial a los hospitales más alejados. Por ejemplo el hospital de Essalud Uldarico Rocca Fernández, de Villa el Salvador, donde un sacamuelas hace de las suyas contactando pacientes que luego atiende en su consultorio particular.

 

Los hechos

Como es de conocimiento público, en ese hospital de Essalud de Villa el Salvador, un médico a palos, no quiso atender de emergencia a Miguel cuando con su preinfarto a cuestas tocó la puerta de este hospital. La bravura de Mendis, puso en su sitio al matasanos y lo derivaron de emergencia al emblemático Hospital Nacional Guillermo Almenara Yrigoyen, donde para regocijo del pueblo y sus amigos, fue operado con éxito del corazón por un contingente de médicos émulos del doctor Benassis.

miguel-gutierrezA mis patas del alma les he contado con lujo de detalles las anécdotas que me sucedió con Miguel. Una de esas anécdotas se dio cuando lo visité, cuando salió con bien de su operación al bobo, en el Hospital Nacional Guillermo Almenara Yrigoyen. Para no hacerla larga, diré que de esa visita salí recitando para mis adentros: “Pase lo que pase con mi país, pase lo que pase con mi familia, pase lo que pase conmigo, moriré siendo poeta”. Es que, minutos antes, había escuchado de labios de mi maestro Miguel: “Pase lo que pase con mi país, pase lo que pase con mi familia, pase lo que pase conmigo, moriré siendo escritor”. Vaya que lo cumplió.

Para qué negarlo, estoy asado con ese matasanos de Essalud de Chorrillos. Si tuviera treinta años menos, lo buscaría y le sacaría la mierda para que nunca más vuelva a matar a la gente por gusto. Pero contengo mi furia, y sin poder contener el llanto, recordando la sonrisa sardónica de Miguelón, salgo a caminar entre el pueblo repitiendo como un poseso:

“…hay, hermanos, muchísimo que hacer.”

Lima, 17 de julio de 2016

Acerca de Petroni Gutiérrez Rivera

Perú. Estudió literatura y matemática en la UNE, Post Grado en Currículum y Supervisión, Maestría y Doctorado en Docencia en el Nivel Superior en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Poeta y escritor, interesado en temas culturales, sociales y educativos.

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