Domingo , 23 Julio 2017
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Vórtices de fuego: comentario y antología

Proemio a la segunda edición

img099VÓRTICES DE FUEGO

César Toro Montalvo

En la poesía persa se solía describir el amor como pasión irrefrenable del deseo absoluto. Había que llegar al nirvana amoroso, limpio de secretos y ocultamientos. Las parejas se amaban desde el olor de los deseos, y el desnudo del despojamiento, desnudos de cuerpo y alma para alcanzar las raíces de la tierra atraídos por el fuego, en olores florales, hasta ser partícipes del agua generosa que vertían los amantes.

Ya desde el Cantar de los cantares, Salomón nos habla de los signos absolutos que posee el amor. Lo mismo se da en la poesía árabe, islámica, china y otros territorios orientales. Hasta se cree que el Tao del amor es el perfecto equilibrio que ejercen los amantes que van desde el placer, la estima, la espiritual sexual, y otras denominaciones amorosas.

No está tan lejos Petroni Gutiérrez Rivera de estos absolutos amorosos. Basta leer los cien poemas que contienen su poemario Vórtices de fuego, para aproximarnos a los cuatro elementos vivificantes del universo en torno al hombre. Petroni, como en su caso, es un poeta torbellino, un hacedor de la evidencia amorosa, un comunicador de los sentidos sensuales, inagotable, reiterativo y trascendente.

Pareciera que late de deseos a cien kilómetros por hora. Lo dice, lo describe, lo señala. El amor de muchos y de un solo amor, multiplica sus evidencias. Artista lírico que acaso se posesiona potenciado por el fuego amoroso, en estancias, espacios antiguos y modernos, andino y apasionado, que nos recuerda por momentos a Mariano Melgar y Francisco Bendezú entre nosotros.

Desde las raíces andinas de Jauja, desde las parcelas del cuerpo, Petroni alude la unión del hombre y la mujer, del macho que posee todas las artes del amor, hasta que la hembra que lo cohabita es depositaria de sus esencias. Descriptivo en tercera o primera persona, el poeta articula monólogos líricos sobre el amor sensual, o mejor dicho, del amor poliédrico desde las múltiples aristas del cuerpo. No existe en Vórtices de fuego, en su ejecución, puntuación alguna para su lectura. Pareciera que la matemática de la poesía no está lejano de sus apreciaciones. Simétrico o dialogante, en un teatro de escenas eróticas se desplaza para poseer ya acertar, vasto y labriego, ante la amada, ante la hembra que lo engolosina.

Algo de Pablo Neruda, el de Veinte poemas de amor y una canción desesperada o Versos del capitán, incluyendo Piedra de sol de Octavio Paz, se prevén en los versos de Vórtices de fuego. Pero también se podría decir que todos los poemas de este libro se pueden leer uno tras otro, sin perder la brújula independiente de cada poema. El libro se lee de un solo tirón, y esto indica un mérito. Petroni parte de sus experiencias imaginarias, que no creo que sean imaginarias. La presencia del agua, del fuego, y la tierra organizan la atmósfera de cada poema enunciado. Unos más que otros, en versos adelgazados, de estrofas libres y medianas, organizan el corpus de cada poema.

petroniHabrá que recordar que en 1996 Petroni publica El canto que faltaba, un libro conformado por cien poemas, igual que el poemario que estamos presentando; casi diríamos que lo continúa desde esa atmósfera romántica en Vórtices de fuego. Pero algo lo distingue, el poeta emite el origen de El canto que faltaba a través de una epístola dirigida a Florens, que constituye la “mujer idealizada”. Asimismo lo presenta a través de sesenta y seis sonetos sonantes de timbre libre, basados en el tema del río y la fuente; y el tercer vórtice está dedicado al mar, efectuado este último a través de la poesía de verso libre.

Vórtices de fuego nos presenta a un Petroni simbólicamente enraizado en el tema del amor desde la cantera andina, desmedido y extasiado, cinematográfico, y siempre cerca de la hembra descrita; en pasiones que alcanzan el nirvana andino. A veces, el poeta se autodestruye por una sociedad en descomposición, pero a su vez se construye ilimitadamente seducido por el fuego poseedor del macho. Es él un volcán inagotable. Un discurso multiplicador, reiterativo, que nutre sus esencias amatorias. No está solo, sino más bien proclama la presencia de la amada, desde el torbellino, la vorágine o el vórtice proveniente del fuego de la vida amorosa. Insistente, proclama la evidencia del agua, virtuosa en declaraciones de vida sensual. Allí, en raíces de la tierra, Petroni anuncia el espíritu quechua del amor. No es un amante melancólico, sino un deleitante de la pasión, del fuego que destruye y construye a la vez, pero más al último.

La geografía del cuerpo de la mujer en la pluma de Petroni Gutiérrez es de grado superlativo. Diríamos que es un lírico de la erotización simbólica del cuerpo de los deseos. A veces, en desmesura, llega al límite de la cima amorosa, del diálogo fecundizador de la hembra, a veces directo o chocante. Petroni perpetúa la especie de la vida amorosa. Si existe el mérito solvente en Vórtices de fuego es gracias a la vitalidad y la adrenalina de su autor para incitar los sentidos, y recordarnos que el amor es siempre intervención de ambos, macho y hembra, reunidos desde el absoluto de los deseos.

https://youtu.be/eexWNv5lG5k

VÓRTICES DE FUEGO (Antología)

99 VÓRTICE XCIX

soy agua del mar
vorágine de amor
abarco el setenta por ciento
del dado sideral
engullo a quien asoma a mi orilla
me amamanto con ríos de pasión

eres barro moldeado por mis olas
cima del abismo con forma de mujer
donde dejo la espuma de mi
y gorgoteando llamo al sol
y el albor atisba por la ventana
de tu risa

somos luz y los iceberg diluimos
con lluvia de sol
somos agua y tierra
contenemos vida en glóbulos de hielo
que convulsiona tu vórtice de fuego

los sueños como peces en el agua
tiernos navegan el océano
que con mi amor debes surcar
que estás surcando
que tal vez has surcado ya
viviendo el viento de la vida

mujer
barro de fuego
mi agua anega tu sima y si te vas
me voy por la pendiente de la tristeza
como un barco de papel en el río
que viene de una bocatoma inmemorial
y no sé dónde termina.

 

11 VÓRTICE XI

ya es hora de alejar mi alma de tu cuerpo
mis ojos de tus pestañas
mi boca de tus labios
mi pecho de tus pezones
mi cuerpo de tu alma
ya es hora de alejarme de la diáspora de tu fragancia
de dejar de decirte amada mía
ya es hora de volver
a la melancolía que suena en los rayos verdes del sol
a las estrellas que necesito para llenar mi cielo
al lugar donde me espera sentado el tiempo
bebiendo dolor del puquial cercado
ya es hora de volver por donde he venido
recogiendo los sentimientos y las palabras
que se van como el río
que arrastra el nauseabundo basural de cada día
con mi verdad oculta entre los juncos
donde degustaba mi fiambre de amor
donde lamía y relamía la miel del sol
donde olía a hierba tu nombre peregrino
donde aprendí a subir y bajar
por la pendiente de las quebradas
ya es hora de irme de esta ciudad
donde soy un número más del frío ordenador
donde mis sueños están cercados por ladrones de verdad
salidos de la noche chavetera para trocear mi reserva de ternura
transformándome en olvido muerto
atropellado como un sapo en la pista del desarrollo
así mujer me transformaré en el dolmen de tu sombra
y seré ventana de tu luz
que alumbrará la profundidad de mi tiempo
y el terror del miedo
y el destello de tu sonrisa
y tu mirada abrirá mi puerta de madera
y de trecho en trecho como luciérnaga me acercaré a tu luz
no sé qué haré sin ti
sin ti no sé cuánto valgo sin ti
sólo sé el valor que tengo si bebo tu amor

no sé a dónde voló el pájaro que en ti anidó
te dejo mi libertad ficticia
derretida en tu vórtice de fuego.

 

0 Vórtice Pachaj

las cloacas de la nocturna ciudad
deyectan al mar sus peces
de oro
con misterioso encanto de ritual
hacen de los ríos breñares
que ya no cantan
como el sida en la sangre
los desechos químicos
matan al mar y a la tierra
por las hagas inversas de la vida
en un vaso de sed viene la muerte
a vaciar su pestilencia
su caca estreñida
flatulencia que grita
corroe la entraña del mar
pestífero como el sarcófago
empacado en indiferencia
que mata a los vivos
nuestros de cada día
dánosle un poco de vida
¡que beban petróleo y gasolina!
ah
la muerte de la vida para siempre
todo oscuro para siempre
¿quién sepultará a la pobre tierra
cuando no quede aire en sus alvéolos
cuando se apague el último latir?
se quema mi carne
como el carbón del diamante
en el cuello de una sabandija
de la pesadilla llamada vida
como el olvido de los predecesores
no quedará ni rastro
por eso amada inconclusa
no dejemos nada para el final
entrégate
que el final es ahora
mañana muy tarde será
mañana
millones de gusanos
harán su guarida perfecta
en las cavernas de tu solo cuerpo
tus labios se perderán
entre tus dientes
tu lengua
volará como un pájaro de tu boca
nadie te paseará desnuda
entre sus brazos
la muerte no tiene brazos
ni piernas ni nada
tengo la hermosa sospecha
de que la muerte es ahora
cuando la lluvia de fuego
calcina la amada tierra
de húmedos senos
con que nos amamantó
para quitarnos la sequedad
de la boca que deja de cantar
despierta amada
vístete de prisa con mi piel
salgamos a la libertad
y bebe el agua de mi boca
en cada esquina
todavía existen acantilados verticales
arriba y abajo
casquetes polares
zonas rojas de roca y arena
zonas blancas de hielo
y otras más oscuras
de descomposición desconocida
que podría ser ceniza
ceniza al viento

y pensar que se vive una vez
y se muere para siempre
en un vórtice de ceniza

Petroni Gutiérrez Rivera – “Vórtices de fuego”.

Acerca de Petroni Gutiérrez Rivera

Perú. Estudió literatura y matemática en la UNE, Post Grado en Currículum y Supervisión, Maestría y Doctorado en Docencia en el Nivel Superior en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Poeta y escritor, interesado en temas culturales, sociales y educativos.

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