Lunes , 25 Septiembre 2017
más allá

Más allá de las elecciones

más allá

Se viene más de lo mismo, pero la continuidad o el continuismo para que perdure, tiene que intensificarse, reforzarse, vigorizarse, con autoritarismo político. Se intensifica y refuerza con la acentuación de las relaciones de dependencia, con tratados multilaterales de libre comercio que colocan a las corporaciones por encima de los gobiernos, la democracia o los derechos de los trabajadores. Se vigoriza con el secuestro de las pasiones, de toda actitud interior y la anulación de todo esfuerzo o compromiso político-social, que nos deja en situación de rendición y resignación, que muy bien se muestra en la presente contienda electoral.

Nos hallamos empantanados y naufragamos, pero nos aferramos y embriagamos de las piezas y objetos que encontramos o nos proveen. Y nos hallamos, de pronto, sin ánimos de salir del lodazal. Es la servidumbre que impone el capital totalitario. Alineados al interés de las grandes empresas, el“conatus” capitalista no encuentra resistencia y convierte sus deseos de acumulación en el objeto de deseo de todos. Así, por ejemplo, la idea que promete la realización de sí, la idea del emprendimiento, expresa esa situación de consentimiento social.

El ideal del emprendedor representa la idea fundamental del interés individual y la entrega a una vida inmoderada, que exige cumplir o vivir de la ambición; ya sea enriquecimiento o poder, pasando por encima del otro y de toda actitud ética.

No es de extrañar que ese modelo alienante del emprendedor y del exitoso atraiga a vastos sectores sociales. Así lo ha demostrado el escenario electoral cuando apoya masivamente a una candidatura que expresa ese ramplón tipo cultural, carente de proyecto político, y constituido su cuerpo político de una suma de elementos innobles. Esta es una realidad evidente en los representantes políticos que se disputan la representación nacional, y que no operan sino como administradores de los negocios de las corporaciones.

Este es un tiempo político social gris, desapasionado y sin espíritu que la memoria colectiva no registrará en el tiempo. El gobierno de Humala ha terminado en condiciones de mediocridad, insignificancia y pudrición. La nuestra, es la época de la prolongación del corruptor y embrutecedor régimen de Fujimori. Desde entonces, los principios y las instituciones entraron en debacle.

La crisis política y de las instituciones se manifiesta cuando una camada de políticos sin doctrina ni vocación de servicio se mueven en círculo por cuotas de poder. Ante el debilitamiento de principios y programas, cobra fuerza el caudillo con poder de unir o comprar conciencias y así se constituyen: partidos efímeros, se padece ausencias de grandes debates, la política del país se distancia del deseo del pueblo, y la pasión por la cosa pública se reduce a una mínima expresión en el rito de las elecciones.

Hoy, Fujimori, con grandes posibilidades de ganar las elecciones, demuestra que no hemos salido de ese infame periodo histórico, en el que casi se extinguió toda vocación por la comunidad y toda pasión política, se exacerbó una moral y cultura egoísta y pragmática que en situaciones como la nuestra, en donde las condiciones de posibilidad de realización son precarias y la pobreza es abrumadora, se termina rindiendo culto a la viveza criolla que es opuesto a todo valor propiamente humano, a toda solidaridad.

De ese ideal también se explica, desde el inconsciente, la actitud de complacencia con el que “roba pero hace obras”, la memoria frágil respecto del gobernante corrupto o la normalización de la decadencia moral, y de las prácticas autoritarias para estabilizar y poner orden ante cualquier problema social. Asimismo, estas condiciones son un caldo de cultivo que permiten el brote de mafias, de organizaciones criminales o del narcotráfico con capacidad real para que copen espacios de poder frente al vacío que dejan las instituciones.

El “conatus” capitalista es un modo destructivo de expansión del deseo humano, que nos está llevando a la catástrofe a nivel global. El obtener ganancias rápidas, agotando los recursos y contaminando el medio ambiente, nos ha llevado a una crisis de la civilización humana y a trastornos irreversibles en el ecosistema. Pero hay que cambiar de paradigma de motivos desde nosotros mismos.

Algunos que se creen muy listos normalizan las condiciones de transfuguismo político, de carencia de principios o doctrina, de clientelaje, tecnocracia y pragmatismo criollo. Ellos están envueltos en la naturaleza del sistema degenerado y no son más que siervos que se disfrazan de tipos avanzados, con ademanes de académicos e ilustrados.

Pese a que se nos presenta un escenario catastrófico en el que hasta la conciencia más crítica se puede ver envuelta en el escepticismo o el pesimismo, porque no se percibe salida a la vista; el malestar y el deseo de cambio se esconden en el alma nacional, habitan como fuerza primaria propiamente humana, que se expresa rechazando la manipulación y la basura mediática, los intentos por sepultar sus derechos y el bien público, y protesta por la necesidad de encontrar canales de expresión y espacios de organización. Y si esta fuerza no es despertada y encauzada perderemos otro momento, otra posibilidad histórica de resurgir y renovar.

Para culminar la etapa de colapso social y terminar con el individuo mediocre y pasivo, hay que comenzar pensando por uno mismo y construyendo un poderoso cuerpo social y político, capaz de de llevar al país hacia un modelo de desarrollo social independiente, de realizar cambios estructurales, frenar el totalitarismo económico, profundizar la democracia, refundar la política nacional, cultivar ciudadanía y construir comunidad ciudadana, centrar al ser humano como potencia activa e independiente y a las potencias culturales y nacionales como condiciones de posibilidades de realización social y sean éstas los motores del desarrollo nacional.

Acerca de Esteban Martínez

Perú. Bachiller en Sociología de la UNMSM. Seguidor de Spinoza. Interesado en los afectos y las pasiones en una época postpasional o desapasionada. Escritor cauto y ocasional sobre amplios temas.

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