Domingo , 23 Abril 2017
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ANALISIS DE LA BIO-POLÍTICA EN SHIMONETA Y PRISON SCHOOL

Un debate acabado en la tradición jurídica es la separación entre moral y derecho; sin embargo, ello no significa que no existan intentos para sobre-regular la moralidad pública, siendo también otra vertiente la introducción de una determinada comprensión de lo moral en las normas legales. Entre los primeros, tenemos la prohibición de venta de licor a menores de edad y la sanción a los establecimientos prestadores de Internet donde se permita la visualización de webs que tengan contenido pornográfico, entre otros, amparándose en el concepto esquivo de orden público.

En cuanto a la moral en las normas, se trata de ajustar el ordenamiento legal, con intentos tales como la restricción de piratería en el ciberespacio, la imposición de un horario de protección al menor en la señal abierta de televisión y los cambios a la edad de indemnidad sexual, por citar algunos casos. Atraviesan estas relaciones conflictivas entre la moral y el derecho, las recientes discusiones sobre la unión de personas del mismo sexo y la permisión del aborto por violación sexual. Como vemos, todavía pareciera que los límites entre pecado y delito no estuvieran del todo claros.

Por ello, en las siguientes líneas intentaré analizar, bajo la disyuntiva ya esbozada, dos series: “Purizun Sukūru” (プリズンスクール), mejor conocido entre nosotros como “Prison School”, y, “Shimoneta to Iu Gainen ga Sonzai Shinai Taikutsu na Sekai” (下ネタという概念が存在しない退屈な世界), que podría traducirse como “Un mundo aburrido donde el concepto de obscenidad no existe”, que por cuestiones de economía en las palabras, se lo conoce solo como “Shimoneta”. En ambos encontramos estructuras sociales donde existe una fuerte afirmación de la moral sobre la norma jurídica llegando, incluso, a perderse de vista las fronteras entre unos y otros, con algunas consecuencias impredecibles. En este punto, no deberíamos dejar pasar, como lo señalaba Habermas, que la relación entre moral y derecho es una relación de complementariedad más que de subordinación.

Prison School, manga, aparecido en el 2011 en la revista Weekly Young Magazine, escrito e ilustrado por Akira Hiramoto, con una animación homónima, nos lleva a conocer la Academia Privada Hachimitsu, un colegio para señoritas que sufre un radical cambio al admitir ese año a cinco estudiantes varones en la comunidad images (2)educativa, adquiriendo el estatus de mixto, ¡pero en la proporción de 200:1! Destaca el protagonismo de Kiyoshi Fujino, quien realiza intentos fallidos por acercarse al sexo opuesto, desconociendo la prohibición sancionada por el Concejo Estudiantil Clandestino, bajo la dirección de Mari Kurihara, vigesimosegunda presidenta, conocida como la domadora de cuervos, impuesta a todas las estudiantes de Hachimitsu, a través del “Libro Guía Oficial de los Estudiantes del Concejo Estudiantil Clandestino”. En un primer nivel de control, los numerosos cuervos de Hachimitsu serán los guardianes del fiel cumplimiento del tabú.

Precisamente las desventuras para el grupo de recién llegados, integrados además de Kiyoshi, por: Takehito Morabuzu, (a) “Gakuto”; Shingo Wakamoto, (a) “Shingo”; Jouji Nezu (a) “Joe” y Reiji Andou (a) “Andre”, comenzará con la frustrada incursión al baño de chicas, por la que serán sancionados con un mes de prisión con trabajos forzados. Desde ese momento Kiyoshi llevará a cabo denodados esfuerzos con la finalidad de ver nuevamente a Chiyo, hermana de la Presidenta del Concejo Estudiantil Clandestino e hija del Director de Hachimitsu, también fanática, como él, del peleador de sumo “Raiden” Tame’emon. Completan la triada del Concejo, la atlética e inestable, Hana Midorikawa, secretaria; y, la voluptuosa y cruel, Meiko Shiraki, vicepresidenta, con la consigna de evitar cualquier actividad sexual ilícita que pueda producirse en la escuela.

Otra particularidad del régimen de sanciones del Concejo Estudiantil Clandestino es la arbitrariedad. Así, la sanción inicial por ignorar los derechos humanos de las victimas femeninas (espiar en los baños de chicas) es de un mes de aislamiento. Esto se agravaría al suscitarse algún intento de fuga con la extensión de la prisión, por un mes adicional. Un segundo intento, por tres meses acumulables. Al tercer intento se penaliza con la expulsión. Por supuesto que estas sanciones carecen de un mínimo de legalidad, precisamente por ser emitidas por un ente que se autocalifica como clandestino y responder, en la mayoría de los casos, al estado de humor del Concejo.

Otro aspecto a tomar en cuenta es que las sanciones y la misma existencia del Concejo es legitimada por la comunidad estudiantil, e incluso por Kiyoshi, Gakuto, Shingo, Joe y Andre, quienes deben desestimar cualquier denuncia por las arbitrariedades y violencia ejercida ante la Junta de Educación, so pena del escarnio público y la sanción de sus propios padres. La existencia de tratos sadomasoquistas deja también un amplio margen para interpretar si la violencia es tolerada o no, y en qué grado.

Cuando Kiyoshi es detectado, tras su cita furtiva en el Estadio Ryougoku con Chiyo, y sentenciado a expulsión, su caso pone en cuestión la debilidad del Concejo para hacer efectiva la sanción, motivo por el cual es conminado a firmar por voluntad propia la petición de retiro de la escuela. Además, la puesta en ejecución de la Operación Expulsar a los Chicos (OEC) traerá como consecuencia la sentencia de expulsión, esta vez de todo el grupo. La decisión terminaría siendo desestimada por el director de Hashimitsu al constatar la planificación de eventos para inculpar a Kiyoshi y al resto. En un giro de los eventos, Kate Takenomiya, Presidenta del Concejo Estudiantil de Shinomiya, promoverá la sanción de internamiento contra las integrantes del Concejo Estudiantil Clandestino, con lo que se confirma la privación de la libertad individual como sanción disciplinaria, dejando de lado su uso como última opción.

En Prison school, un elemento a tomar en consideración es el desarrollo de la solidaridad entre los “reclusos”, a pesar de la ejecución del OEC y que Shingo se pudiera prestar a los juegos de Meiko. Bauman nos ayuda a interpretar el egoísmo de Shingo: “El amor a uno mismo impulsa a aferrarse a la vida, a tratar con todo empeño de permanecer con vida para bien o para mal, a resistir y a luchar contra cualquier cosa que amenace con una prematura o abrupta finalización de la vida, y a proteger o, mejor aún, a reforzar nuestra capacidad y vigor para asegurar que nuestra resistencia sea eficaz”. Pues “la aceptación del precepto de amar al prójimo es el acta de nacimiento de la humanidad” (Bauman, 2013), solo así se explica la conjunción de esfuerzos para desbaratar las trampas del Consejo Estudiantil Clandestino.

Otro universo opresivo y distópico será el presentado en el Japón de Shimoneta, tras 16 años de aprobada la Ley para el orden público y la moral en la crianza saludable de los niños. La sociedad japonesa ha prohibido la pronunciación de un catálogo de palabras soeces, así descargacomo la expresión de gestos obscenos, y la tenencia de material inmoral. La condena será en todos los casos la reclusión y el trabajo forzoso, graduándose según la gravedad de las palabras u gestos, incluyendo la destrucción de todo material poco saludable. La introducción de otras leyes complementarias y del sistema de vigilancia de la Policía de Moralidad, además del uso de collares y brazaletes detectores, denominados PMs, completan el sistema de control social. Todos estos elementos convertirían al Japón en la nación con la mayor moralidad pública a nivel internacional, y a la academia Tokioka como la institución educativa con la moral más elevada del país. Este es el contexto del manga escrito por Hirotaka Akagi, con ilustración de Eito Shimotsuki.

Evidentemente, este es un mundo donde la noción de sexualidad casi ha desaparecido, llevando a la generación de Tanukichi Okuma a casi desconocer las nociones más básicas de la reproducción humana, y animal en general. Por supuesto, Tanukichi viene antecedido de la mala fama de ser hijo de Zenjuurou Okuma, un terrorista antimoral, motivo por el cual es asediado por Hyouka Fuwa, del club de ciencias, quien busca conocer el verdadero origen de la concepción humana, algo sobre lo que los libros de ciencias guardan el más absoluto hermetismo, usando el concepto precario de “amor” para no contravenir la Ley para el Orden Público y la Moral. Este mismo motivo será argumento por Anna Nishikinomiya, estudiante de segundo año y presidenta del Concejo Estudiantil, a pesar de la inicial oposición del tesorero Gouriki Raiki, alumno de tercer año, y otro integrante del Concejo, para solicitar que Tanukichi se integre a este órgano de la Academia Tokioka. Completa el Concejo, la vice-presidenta Kajou Ayame, hija del político Endou Masashi, uno de los pocos que se opusieron a la imposición de la Ley, arrestado por una denuncia calumniosa de violación contra una estudiante de secundaria (él prefería las MILFs). Kajou además de ser la mejor amiga de Anna, es también la terrorista antimoral “Blue Snow”, fundadora y, hasta ese momento, única integrante de la organización terrorista SOX.

La primera área metropolitana, donde se ubica la Academia Tokioka, será entonces el escenario de vandalismo antimoral. Primero por la acción de SOX, al que se une a regañadientes Tanukichi y, luego, por la acción del pervertido “Punta Blanca”, líder del obsceno grupo terrorista “Tela reunida”. Evidentemente la existencia de estos atentados al orden y moralidad públicas no deben llevar a creer que no puedan producirse otros delitos, pero como Kajou reflexiona “es más importante sancionar la inmoralidad que el asesinato”. Dentro del grupo de personas que piensan así, debe mencionarse a los padres de Anna, en primer lugar, la madre, Sophia Nishikinomiya, una política que impulsa la Ley de Prohibición H, la cual busca que los sistemas de PMs monitoreen y graben cualquier acto catalogado como inmoral, en palabras de Donskis: “aboliendo totalmente la privacidad que conduce a la manipulación de los secretos de la gente y a la intromisión en su intimidad” (Bauman, Zygmund y Donskis, Leónidas, 2015), y su padre, Matsukage, un político cuya carrera se vincula íntimamente con la aprobación de la Ley para el orden público y la moral en la crianza saludable de los niños.

A la organización SOX posteriormente se unirán Otome Saotome, una gran artista, que en adelante se dedicará a dibujar mangas hentai, especialmente del subgénero yaoi; y Kosuri, hija de Keisuke Onigashira, otro político contrario a la Ley.

Ciertamente, la historia es irreverente y hasta absurda, especialmente cuando Anna intenta manifestar su “amor” por Tanukichi. Ella es el paradigma de una sociedad que ha perdido conciencia de todo el acumulado, lo que Foucault denomina como “ars erotica”, dejando en su lugar una borrosa “scientia sexualis”. En Shimoneta, “si el sexo esta reprimido, es decir, destinado a la prohibición, a la inexistencia y al mutismo, el solo hecho de hablar de él, y de hablar de su represión, posee un aire de transgresión deliberada”. Y como para reprender los intentos moralizantes de Sophia Nishikinomiya, Foucault nos diría que “la ironía del dispositivo (de sexualidad): nos hace creer que en ello reside nuestra liberación”. El mundo de Shimoneta, “impulsa, pues, la “pedagogización” del sexo del niño, por la que se busca evitar la entrega de estos a una actividad sancionada como “contra natura” e indebida” (Foucault, 2008).

Tanto Prison School como Shimoneta pueden ser simplemente tachadas de series ecchi, y por ello desestimadas de poseer alguna significación social, pero representan no solo futuros (o pasados) cercanos, sino que permiten una reflexión sobre qué tipo de sociedades estamos construyendo de manera consciente o no.
Referencias bibliográficas:

Bauman, Z. (2013). Amor líquido. acerca de la fragilidad de los vinculos humanos. México DF: Fondo de Cultura Económica.

Bauman, Zygmund y Donskis, Leónidas. (2015). Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Barcelona: Espasa.

Foucault, M. (2008). Historia de la Sexualidad: 1. La voluntad del saber. Buenos Aires : Siglo XXI.

Habermas, J. (1997). El nexo interno entre Estado de Derecho y Democracia, En: Gimbernat, José Antonio. La filosofía moral y política de Habermas. Madrid: Biblioteca Nueva.

Acerca de Frank Rojas Alarcón

Perú. Bachiller en Derecho y estudiante de Sociología en la UNMSM. Analista político aficionado. Segurólogo. Otaku confeso.

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